By Mary Renault

En esta novela destacan dos aspectos, l. a. recreación de l. a. época, con especial antención por el aspecto intelectual y las normas de convivencia que rigieron l. a. sociedad, y por otro, l. a. sensibilidad de los angeles autora en l. a. exposición del sentimiento de los angeles amistad. Esto permite que tanto los lectores aficionados a los angeles novela históri

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Los angeles dependencia afectiva de los angeles pareja, cualquiera que sea su origen, tarde o temprano genera sufrimiento y depresión. Millones de personas en todo el mundo son victimas de relaciones amorosas inadecuadas y no saben qué hacer al respecto. El miedo a los angeles pérdida, a los angeles soledad y / o abandono contamina el vínculo amoroso y lo vuelve altamente weak y patológico.

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Algunas mujeres, según creo, culpaban a los campesinos de haber traído con ellos una maldición; como si fuese posible que los dioses castigasen a un Estado por tratar con justicia a sus ciudadanos. Pero como las mujeres ignoran la filosofía y la lógica y temen más a los adivinos que al inmortal Zeus, siempre creen que lo que les causa aflicción debe ser maligno. La peste causó muchas víctimas en mi familia, como lo hizo en casi todas. Daniisco, el corredor olímpico, padre de mi madre, fue enterrado con sus viejos trofeos y su corona de olivo.

Deja tranquilos a tus espartanos, por un momento. —Se trataba de una vieja disputa entre nosotros, por lo que no pude poic menos que añadir: —O tal vez lo hicieron ellos; después de todo, son aliados de Siracusa. —¡Los espartanos! —exclamó él, mirándome fijamente—. ¿Ellos, el pueblo más temeroso de los dioses en la Hélade? Sabes muy bien que jamás tocan nada sagrado, ni siquiera en la guerra; y ahora tenemos un armisticio con ellos. ¿Estás loco? Recordando que en otra ocasión nos habíamos peleado hasta hacernos sangre, a causa de los espartanos, guardé silencio.

Desde abajo, las murallas parecían enormes, como farallones negros; las grandes piedras de la parte inferior conservaban aún las manchas producidas por los fuegos de los medas. Pasé frente a la atalaya y el bastión y subí las gradas hasta el propileo. Al encontrarme allí por primera vez, solo, me sentí sobrecogido por su altura y anchura, y los grandes espacios que se perdían en la oscuridad. Me parecía estar pisando el umbral de los dioses. La noche aclaraba, como el vino oscuro cuando se le mezcla agua; alcanzaba a ver los colores con que estaba pintada la bóveda, cambiados y más profundos en la penumbra anterior al alba.

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